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viernes, 29 de mayo de 2015

Mi segunda lactancia

Mi primera lactancia no fue como había imaginado. Unos quince días después del parto tuve que iniciar la lactancia mixta, y pocos meses después abandoné por completo la lactancia materna para continuar sólo con lactancia artificial. Esta historia la conté con detalle en el post "Nuestra lactancia" que terminaba así: "Hoy, a la distancia, pienso que debí haber hecho las cosas de otra manera. No debí rendirme tan rápido, debí buscar más información, más ayuda, debí haber insistido más, esforzado más por conseguir la lactancia materna con la que tanto había soñado. Si tengo más hijos volveré a intentarlo, y con la información y experiencia con la que cuento ahora espero conseguirlo." Tengo el gusto de contarles que llevo casi tres meses de lactancia materna exclusiva :)

¿Qué hice diferente? Varias cosas que quiero compartir por si pueden ayudar a alguien ;). OJO, no soy experta en lactancia ni mucho menos, todo lo que cuento a continuación está basado en mi experiencia como mamá.

Vía http://siempreformosa.com/
  1. Informarme y resolver todas mis dudas con una asesora de lactancia antes del parto. La primera vez cometí el error de pensar que la lactancia, por ser lo más natural, era sencilla. Leí un poco, escuché lo que dijeron en las clases de preparación al parto, pero no le di mucha importancia pensando que las cosas se darían de forma natural. Desde mi experiencia, los inicios no son tan sencillos y es bueno estar bien informada y conocer las complicaciones que pueden presentarse.
  2. Pedir ayuda al personal de la clínica durante los días que estuve ahí. Quería estar 100% segura de que la postura y el enganche eran correctos, esto es fundamental para una buena lactancia. A veces es difícil conseguir que el recién nacido se enganche bien, y por eso es importante que alguien con experiencia te oriente y ayude. La lactancia NO debe ser dolorosa.
  3. Alimentar a demanda y con mucha frecuencia durante las primeras semanas, ya que a mayor succión mayor producción de leche. Esto puede ser muy demandante y desgastante ya que los recién nacidos necesitan comer muy seguido (hay días en los que sientes que lo único que has hecho es dar de lactar) pero da sus frutos :) Hay que tener paciencia y no frustrarse.  
  4. En línea con el punto anterior, hacer oídos sordos a comentarios del tipo: "Qué, ¿otra vez tiene hambre?", "Pero si acaba de comer" o "¡Te está usando de chupón!". Si el bebé moja varios pañales al día, hace bien sus deposiciones y sube de peso de forma adecuada no hay por qué preocuparse, se está alimentando bien.
  5. Un consejo que me dio la asesora de lactancia: no darle biberón ni ponerle chupón durante las primeras seis semanas, para evitar confusiones.
  6. Tener ayuda para las tareas domésticas y el cuidado de mi hijo mayor. ¡Fundamental! Esto me ha permitido dedicarme casi en exclusiva al bebé durante las primeras semanas.
  7. Aún no ha sido necesario, pero tengo claro que ante cualquier problema consultaré con un especialista en lactancia.
  8. Y finalmente, aunque quizás una de las cosas más importantes, estar relajada. Esto puede resultar complicado, sobretodo cuando eres madre primeriza, pero hay que confiar en nosotras mismas y saber que lo estamos haciendo bien.  
Para terminar comparto un artículo muy interesante que se titula: ¿Qué necesita una mamá que acaba de tener un hijo/a? Este artículo menciona dos aspectos muy importantes: apoyo emocional y ayuda práctica. Ambos son imprescindibles para una buena lactancia ;)

¿Cómo ha sido tu experiencia con la lactancia? ¿Tienes algún consejo adicional que crees importante compartir? ¡Cuéntame!

¡Un abrazo!

jueves, 14 de febrero de 2013

Mi estado emocional y su influencia sobre el de mi hijo {Aprendizajes}


Hace algo más de 20 meses que me convertí en mamá. Se qué es poco tiempo, pero son muchas las cosas que he aprendido. Compartir estos aprendizajes es uno de los objetivos del blog (por algo se llama "Aprendiendo a ser mamá"), y además me interesa intercambiar opiniones y experiencias con otras mamás que estén o hayan pasado por lo mismo que yo.

Débora, de ¡Mamá qué sabe!, publicó hace unos días esta entrada en la que además de compartir los cuatro pilares en la crianza de sus hijos nos habla sobre la importancia del apego seguro en la maternidad, y cómo esto puede influir entre muchas otras cosas en el sueño nocturno de nuestros hijos. Débora dice: "Creo que el apego seguro está íntimamente relacionado con el control emocional de la figura de apego, generalmente establecida en primera persona en las madres."

Estoy totalmente de acuerdo. Esta es una de las cosas más importantes que he aprendido en estos meses. Independientemente del tipo de alimentación que se le dé al bebé, de dónde y con quién duerma o de si mamá trabaja fuera de casa o no, estoy convencida de que algo fundamental para lograr ese apego seguro que tanto deseamos las madres es que nos encontremos emocionalmente bien. Obvio ¿no? Sí, pero no siempre es sencillo mantener ese control emocional tan necesario. En ocasiones nos sentimos superadas por la situación, ya sea porque estamos agotadas por las malas noches, agobiadas por exceso de trabajo, enfadadas con el marido o frustradas porque no vemos los frutos de tanto esfuerzo. Y finalmente son nuestros hijos los que muchas veces terminan pagando los platos rotos. Porque los niños son como esponjas y absorben todo, incluidos los sentimientos y emociones de quienes los rodean, y en especial de la madre, con quien tienen una conexión emocional muy especial.




Me gusta reflexionar sobre mis experiencias pasadas, sobretodo las que no fueron tal como deseaba, y mi lactancia materna fue una de ellas. Veinte meses después pienso que entre los varios factores que influyeron para que no pudiera alimentar a Mateo sólo con leche materna, se encuentra el hecho de que los primeros días mi estado emocional no era el mejor. El parto me sorprendió tres semanas antes de lo esperado, me afectó mucho que mi madre no llegara a tiempo para acompañarme esos primeros días, y la verdad es que entre el cansancio, los problemas con la lactancia y los continuos llantos de mi enano, me sentía en cierta manera superada por la situación. Por eso es que, aunque quizás no "quede bien" decirlo, esos primeros biberones supusieron para mí un gran alivio, y me ayudaron a recuperar la tranquilidad que necesitaba para sentirme a gusto con mi recién estrenada maternidad.

Estoy segura que todas las madres han vivido experiencias similares a la que cuento. Nuestros hijos son increíblemente sensibles a nuestro estado emocional y lo reflejan en sus comportamientos. Cuando no nos encontramos bien es común que sus rabietas sean más frecuentes e intensas, que tengan dificultad para conciliar el sueño o se nieguen a comer. Y muchas veces nuestra frustración, angustia y ansiedad empeora aún más las cosas. Por el contrario, si estamos tranquilas y a gusto con nosotras mismas, contagiamos esa energía a nuestros hijos y ellos se muestran a su vez más tranquilos, contentos, receptivos y colaborativos.




Hace un tiempo publiqué la entrada "Rebelión en la trona", que refleja perfectamente lo que he comentado en el párrafo anterior. Mateo estaba atravesando un cambio importante en su alimentación. No quería que yo le diera de comer. Y yo empeoraba la situación con mis nervios, angustia y pérdida de paciencia. La hora de la comida se empezó a convertir en una pesadilla para ambos. Felizmente logré entender que era la oportunidad perfecta para introducir alimentos sólidos y que empezara a comer solo.

Con todo esto no pretendo decir que las mamás siempre tenemos que encontrarnos bien. Eso sería imposible, además creo que tampoco es sano. Pero pienso que lo importante -y quizás lo más difícil- es que sepamos identificar y gestionar esas emociones "negativas" para evitar que nuestros hijos sufran las consecuencias. Tenemos que saber pedir ayuda cuando la situación se nos está yendo de las manos, tomarnos un descanso, relajarnos, recargar energías para luego volver al campo de juego en forma. Esta es una de las razones por las que me interesa tanto la educación emocional. Porque creo que este "contagio" de emociones se da en todas las relaciones, aunque en la de madre-hijo es más intenso por esa conexión tan especial que existe.

¿Qué opinan de todo esto? ¿Creen que su estado emocional influye sobre el de sus hijos? ¿Han vivido situaciones de este tipo?

jueves, 4 de octubre de 2012

¿Qué hijos vamos a dejar en este mundo?


Ayer mi madre me envió el artículo que a continuación reproduzco -títulado "¿Qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos?" (sí, lo sé, es un artículo antiguo pero es la primera vez que lo leo!)- de Leopoldo Abadía -Zaragoza, 1933-, profesor y escritor español conocido por su análisis de la crisis económica actual, autor del libro "La Crisis Ninja y otros misterios de la economía actual". Me pareció un punto de vista interesante, por eso decidí compartirlo en el blog. Ya me dirán qué les parece.

Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que “Dios les coja confesados”. Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.

En muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que me a mí me hace tanta gracia: “¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?” Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya está crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir: “¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?”.

Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: “¡y a mí, ¿qué me importa?!” Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.

Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.

Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz…y me exigieron mucho.

Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:

1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización

Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. ¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!

Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.

Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.

A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales,…Lo que por ahí se llama“buena gente”.

Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Y harán negocios sanos. Y, si son capitalistas, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano. (Si son mala gente, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano, pero que ellos son unos sinvergüenzas.)

Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos…En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.

Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a  dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más qué hijos íbamos a dejar a este mundo.

A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a  darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.

Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.

Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado. Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

P.S.

1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.

2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño. 

3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Cerrando etapas


El fin de semana pasado se celebró el primer cumpleaños de la hija de una de mis mejores amigas, que vive en Perú. Este fin de semana se celebra el primer cumpleaños de Mateo. Por obvias razones, ni yo pude estar en el cumple de la hija de mi amiga, ni ellas podrán estar en el de Mateo. Esto me ha llevado a escribir este post.

Han pasado casi seis años desde que cerré una etapa de mi vida para comenzar una nueva y muy distinta a la anterior. Me casé con el papá de Mateo, renuncié a un trabajo estable y juntos decidimos dejar nuestra Lima natal para estudiar una maestría al otro lado del atlántico, en Barcelona. Un año después terminamos la maestría y como estábamos enamorados de Barcelona -de su centro, sus playas, su clima- conseguimos un trabajo y nos quedamos por estos lares.  

Hoy, pasados los treinta y con un hijo, empiezo a pensar que quizás ha llegado la hora de hacer maletas, volver a cruzar el charco, cerrar esta etapa e iniciar un nuevo proyecto junto a nuestras familias y amigos de toda la vida. Aunque pueda parecerlo, no creo que sea volver a empezar. Es cierto que allá no tenemos trabajo, ni casa, ni coche, pero llevamos con nosotros la experiencia de estos seis años.

Vivir, estudiar y trabajar en un país que no es el tuyo es muy enriquecedor. Esta experiencia me ha permitido, entre otras cosas, conocer gente nueva con costumbres distintas a las mías, entender otra manera de hacer las cosas, viajar a ciudades y países a los que nunca antes se me había ocurrido ir, probar nuevas comidas, aprender a llamar a las mismas cosas de otra forma y ver el mundo desde una perspectiva diferente, desde la perspectiva del "primer mundo", para descubrir que en mi país aún hay mucho por hacer.

Vivir un tiempo en un lugar donde no tienes "pasado" y casi nadie te conoce tiene también sus ventajas. Por momentos te sientes un poco más libre. No tienes que cumplir con ningún cumpleaños, boda o cena familiar a la que no te apetece ir. No tienes que dar explicaciones, nadie te juzga o critica, nadie opina sobre lo que haces o dejas de hacer. Casi no he tenido que soportar esos inoportunos -aunque normalmente bien intencionados- comentarios, consejos, críticas, sugerencias y opiniones relacionadas con la crianza de mi hijo -algunas veces las he recibido por skype, pero no es lo mismo- y he podido actuar libremente, haciendo las cosas que creo mejor para él.

Pero no puedo negar que estar lejos de casa, de la familia y de los amigos es difícil, muy difícil. He vivido momentos de profunda soledad. Días en los que sentía que necesitaba desesperadamente un abrazo de mi madre, un beso de mi hermana o una conversación frente a frente con alguna de mis mejores amigas. Cuando estaba embarazada sentía esto con mucha frecuencia. En ocasiones me he sentido diferente, aislada, con pocas cosas en común con los demás. Me he perdido navidades en familia, las bodas de mis mejores amigas, cumpleaños y unos cuantos nacimientos. Ahora que tenemos a Mateo esto lo siento más. Quisiera que él viva y comparta con abuelos, tíos y primos estos momentos tan especiales. 

Siempre he empezado que la vida son etapas. No hay que tener miedo de cerrar una para abrir otra nueva. Cada etapa nos aporta algo distinto, nos enriquece y nos ayuda a crecer como personas.

domingo, 6 de mayo de 2012

¡Feliz día mamás!

Este es oficialmente mi primer día de la madre y para celebrarlo quiero compartir un poema que me hizo reflexionar mucho la primera vez que lo leí, y que siempre tengo presente. Creo que explica muy bien nuestro papel como madres.


"Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo,
en cada vuelo,
en cada vida, 
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado."


Poema de la Madre Teresa de Calcuta
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