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viernes, 26 de abril de 2013

Nuestra nueva vida


Poco a poco nos vamos acostumbrando a nuestra nueva vida. Aunque no empezamos el viaje con muy buen pie (tuvimos un retraso de 12 horas en uno de los vuelos) después las cosas han ido saliendo según lo planeado y nos encontramos muy bien. El cambio de horario nos afectó poco, y luego de un par de semanas algo "caóticas", finalmente tenemos nuevamente una rutina y cierta estabilidad.

Parece mentira pero, aunque tenía muchas ganas de volver a este mundo virtual y muchas cosas que contar (empezando por cómo sobrevivir a un vuelo de 12 horas con un enano de 22 meses), no lograba encontrar el "cómo", y hace un mes que no publico nada.

Ayer se me ocurrió que sería una buena idea hacerlo a través de fotos, de nuestras primeras fotos "al otro lado del charco". Así que aquí les dejo unas pocas, espero pronto recuperar la inspiración y poder contarles con palabras algo más sobre nuestra nueva vida.





Nuestra llegada coincidió con los últimos días del verano, así que pudimos disfrutar de la playa. Mateo estaba fascinado, no dejaba de repetir "agua agua agua" y a pesar de que el agua es muy fría, no dudó en darse un baño.





Seguimos disfrutando de las mañanas (y algunas tardes) en el parque. Tenemos la suerte de tener muchos parques cerca de casa, y además con mucha vegetación.







También hemos aprovechado para salir en familia y con amigos que no veíamos hace mucho tiempo; así como pasar tiempo con los abuelos y tíos. Imprescindible pasear por el malecón con vistas al Océano Pacífico. 

¡Un fuerte abrazo y feliz fin de semana!

lunes, 14 de enero de 2013

La importancia del contacto con la naturaleza + {miniescapada}


Aprovechando las vacaciones navideñas y el buen tiempo, nos escapamos un par de días de la ciudad condal para disfrutar de la naturaleza y respirar aire puro. Siguiendo las recomendaciones de BABYviajes.com, nos alojamos en este hotel rural ubicado en un pequeño y apacible pueblo de Girona.

El entorno era espectacular, y el hotel estaba muy bien preparado para recibir familias con niños pequeños. Tenían actividades en familia tanto en interior como al aire libre, piscina, mini granja, sala de actividades, parque de juegos al aire libre, merienda para los niños, y un amplio césped para jugar o simplemente tumbarse a descansar.



El enano estaba más que feliz. Tenía mucho espacio para correr, y estaba fascinado con los árboles, las plantas y las flores. Pero lo que más le gustó fueron los animales, en especial los patos, las gallinas y un perrito que también estaba alojado en el hotel llamado Tobi.

Al ver a los patos y a las gallinas no dejaba de repetir "cua cua cua cua", moviendo los brazos como si fueran alas y corriendo de un lado al otro: de los patos a las gallinas y viceversa. Los perseguía, quería tocarlos, ¡estaba emocionadísimo! 



Con el perro fue algo similar, lo vio y empezó a perseguirlo, quería tocarlo a cómo de lugar, y principalmente jugar con él. Era un cachorro pequeño y muy juguetón, así que pasaron un buen rato juntos. Los otros animales -burros, ovejas, conejos- no le llamaron tanto la atención, más bien le daban un poco de "nervios" y no se atrevía a acercarse mucho.     


Esto me llevó a reflexionar sobre lo importante que es estar en contacto con la naturaleza, y lo poco que lo hacemos debido a que vivimos en una ciudad. Hace tiempo leí un artículo en la Revista Integral titulado "Educar en verde. Por una infancia en la naturaleza" que decía que numerosos estudios científicos confirman la necesidad infantil de aire libre y sus beneficios para el desarrollo físico, afectivo, social e intelectual de los pequeños.

Entre muchas otras cosas, jugar al aire libre fortalece la salud física de los niños, ayuda a desarrollar la autonomía y la creatividad, les permite llevar a cabo comportamientos que muchas veces es difícil realizar en interiores: hacer ruido, gritar, correr, ensuciarse, desordenar...

Además, favorece el descanso de un entorno artificial, excesivamente estructurado que solicita continuamente su atención, agudiza el desarrollo de su sensibilidad, estimulando delicadamente todos sus sentidos (tacto, olfato, vista, oído...) y ayuda a interiorizar valores fundamentales para la supervivencia de la especie, como la tolerancia, la paciencia, el cuidado de la vida, el amor hacia el planeta y los seres que lo componen.



Si queremos adultos que tengan una auténtica conciencia ecológica, es importante el continuo contacto con la naturaleza desde la infancia. La ecología es una forma de vivir, de educar. Estudios realizados sobre la biografía de personas que dedican su vida a los temas medioambientales muestran infancias marcadas por el contacto con el mundo natural.

 ¿Qué opinan? ¿Están sus hijos continuamente en contacto con la naturaleza? O, como en nuestro caso, ¿el contacto es mucho menor del que les gustaría?

miércoles, 2 de enero de 2013

Miércoles mudo: Haciendo amigos




"Un perro le enseña a un niño a ser fiel, a ser perseverante, y a dar tres vueltas antes de echarse."

Robert Benchley

PD: No os olvidéis que estamos de sorteo ;))

domingo, 14 de octubre de 2012

Otoño

Aprovechando que ayer no llovía, decidimos salir unas horas de la ciudad e ir al campo a respirar un poco de aire puro -¡cuánta falta nos hacía!. Empieza a hacer fresquito, así que toca abrigarse. ¡Me encanta cómo le quedan los fulares a Mateo!

Les dejo un par de fotos que hice, estoy probando un editor de fotos online que acabo de descubrir: PicMonkey. En este post del blog Capturando momentos pueden encontrar más información. Ya me dirán qué les parece :)




¡FELIZ DOMINGO!

viernes, 21 de septiembre de 2012

Algodón de azúcar

Cuando era niña mi madre no me dejaba comer algodón de azúcar, así que apenas tuve la oportunidad me compré uno y, por supuesto, me encantó. A día de hoy cada vez que voy a una feria o parque de atracciones me compro un algodón de azúcar.


Hace un par de semanas decidimos pasar la tarde del domingo en el Parque de Atracciones del Tibidabo y después de subirnos un par de veces al carrusel y al trencito papá me compró el tradicional algodón. Mientras lo comía el enano me miraba con cara de "¿Y eso qué es? Yo también quiero probar", así que le dimos un pelín. 


¿Le habrá gustado?


Y a ustedes, ¿les gusta el algodón de azúcar? ¿Dejan que sus hijos lo coman?


¡BUEN FIN DE SEMANA!

domingo, 29 de julio de 2012

De vuelta

Ya estamos de vuelta en casa después de unas relajantes vacaciones en un precioso pueblo de la Costa Brava. Ha sido una semana espectacular. Mucha playa, comidas con vista al mar, siestas después de comer, helados de frutas, paseos por el pueblo por las tardes, y cenas con el sonido de las olas de fondo.


Cuando alquilamos el apartamento tuve cierto temor porque, a pesar de que a papá y a mí nos encanta la playa, existía la posibilidad de que al enano no le gustara. Todo lo contrario. No podía haber estado más contento. ¡Ha sido el que más ha disfrutado del mar1. Y no sólo eso. Estaba encantado con la nueva casa y con la naturaleza que la rodeaba -¡no paraba de mirar los árboles!-. Hasta ha comido mejor -bueno, la fruta todavía es un tema pendiente-.


Y qué decir de papá y mamá, la hemos pasado genial. Hemos descansado, nos hemos divertido, hemos hecho ejercicio, hemos comido súper bien, y muchas cosas más. Repetiríamos sin dudarlo. Para las familias con niños pequeños -y no tan pequeños- a las que les gusta la playa, este es un plan muy recomendable. 

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