jueves, 14 de febrero de 2013

Mi estado emocional y su influencia sobre el de mi hijo {Aprendizajes}


Hace algo más de 20 meses que me convertí en mamá. Se qué es poco tiempo, pero son muchas las cosas que he aprendido. Compartir estos aprendizajes es uno de los objetivos del blog (por algo se llama "Aprendiendo a ser mamá"), y además me interesa intercambiar opiniones y experiencias con otras mamás que estén o hayan pasado por lo mismo que yo.

Débora, de ¡Mamá qué sabe!publicó hace unos días esta entrada en la que además de compartir los cuatro pilares en la crianza de sus hijos nos habla sobre la importancia del apego seguro en la maternidad, y cómo esto puede influir entre muchas otras cosas en el sueño nocturno de nuestros hijos. Débora dice: "Creo que el apego seguro está íntimamente relacionado con el control emocional de la figura de apego, generalmente establecida en primera persona en las madres."

Estoy totalmente de acuerdo. Esta es una de las cosas más importantes que he aprendido en estos meses. Independientemente del tipo de alimentación que se le dé al bebé, de dónde y con quién duerma o de si mamá trabaja fuera de casa o no, estoy convencida de que algo fundamental para lograr ese apego seguro que tanto deseamos las madres es que nos encontremos emocionalmente bien. Obvio ¿no? Sí, pero no siempre es sencillo mantener ese control emocional tan necesario. En ocasiones nos sentimos superadas por la situación, ya sea porque estamos agotadas por las malas noches, agobiadas por exceso de trabajo, enfadadas con el marido o frustradas porque no vemos los frutos de tanto esfuerzo. Y finalmente son nuestros hijos los que muchas veces terminan pagando los platos rotos. Porque los niños son como esponjas y absorben todo, incluidos los sentimientos y emociones de quienes los rodean, y en especial de la madre, con quien tienen una conexión emocional muy especial.




Me gusta reflexionar sobre mis experiencias pasadas, sobretodo las que no fueron tal como deseaba, y mi lactancia materna fue una de ellas. Veinte meses después pienso que entre los varios factores que influyeron para que no pudiera alimentar a Mateo sólo con leche materna, se encuentra el hecho de que los primeros días mi estado emocional no era el mejor. El parto me sorprendió tres semanas antes de lo esperado, me afectó mucho que mi madre no llegara a tiempo para acompañarme esos primeros días, y la verdad es que entre el cansancio, los problemas con la lactancia y los continuos llantos de mi enano, me sentía en cierta manera superada por la situación. Por eso es que, aunque quizás no "quede bien" decirlo, esos primeros biberones supusieron para mí un gran alivio, y me ayudaron a recuperar la tranquilidad que necesitaba para sentirme a gusto con mi recién estrenada maternidad.

Estoy segura que todas las madres han vivido experiencias similares a la que cuento. Nuestros hijos son increíblemente sensibles a nuestro estado emocional y lo reflejan en sus comportamientos. Cuando no nos encontramos bien es común que sus rabietas sean más frecuentes e intensas, que tengan dificultad para conciliar el sueño o se nieguen a comer. Y muchas veces nuestra frustración, angustia y ansiedad empeora aún más las cosas. Por el contrario, si estamos tranquilas y a gusto con nosotras mismas, contagiamos esa energía a nuestros hijos y ellos se muestran a su vez más tranquilos, contentos, receptivos y colaborativos.




Hace un tiempo publiqué la entrada "Rebelión en la trona", que refleja perfectamente lo que he comentado en el párrafo anterior. Mateo estaba atravesando un cambio importante en su alimentación. No quería que yo le diera de comer. Y yo empeoraba la situación con mis nervios, angustia y pérdida de paciencia. La hora de la comida se empezó a convertir en una pesadilla para ambos. Felizmente logré entender que era la oportunidad perfecta para introducir alimentos sólidos y que empezara a comer solo.

Con todo esto no pretendo decir que las mamás siempre tenemos que encontrarnos bien. Eso sería imposible, además creo que tampoco es sano. Pero pienso que lo importante -y quizás lo más difícil- es que sepamos identificar y gestionar esas emociones "negativas" para evitar que nuestros hijos sufran las consecuencias. Tenemos que saber pedir ayuda cuando la situación se nos está yendo de las manos, tomarnos un descanso, relajarnos, recargar energías para luego volver al campo de juego en forma. Esta es una de las razones por las que me interesa tanto la educación emocional. Porque creo que este "contagio" de emociones se da en todas las relaciones, aunque en la de madre-hijo es más intenso por esa conexión tan especial que existe.

¿Qué opinan de todo esto? ¿Creen que su estado emocional influye sobre el de sus hijos? ¿Han vivido situaciones de este tipo?

21 comentarios:

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo.

    Un beso

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    1. Hola Ana!
      Estoy segura que la mayoría de las madres nos hemos dado cuenta de esto y hacemos todo lo posible por mantener el control emocional, aunque a veces no lo consigamos, y es que no somos perfectas ni lo seremos jamás!
      Besos y feliz fin de semana!

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  2. Es cierto, pero es tan complicado mantener la calma siempre...Gracias por recordarnos la importancia de intentarlo :-)

    Un abrazo,
    María

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    1. Complicadísimo guapa! Hay situaciones que sacan de quicio a cualquiera y es muy difícil mantener la calma. Pero creo que el ser conscientes de la gran influencia que tiene nuestro estado emocional sobre nuestros hijos es un primer e importante paso para lograr el control emocional que tanto necesitamos.
      Un abrazo y gracias por la visita y el comentario!

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  3. Las emociones... esas grandes olvidadas en la educación! Aunque creo que más que nunca está en auge la conciencia sobre su importancia. Los tiempos actuales que vivimos así lo imperan.
    Yo siempre di mucha importancia a la educación de mi intelecto y me olvidé de integrarla con mi parte más emocional. Pero la vida se encargó de enseñarme a conocer lo importante que era para el bien de mis hijos. Es por eso que ahora educo a mis hijos en la integración de su área lógica y emocional.
    Me alegra coincidir contigo en esta forma de crianza! Y espero crecer en mi maternidad a tu lado!

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    1. Gracias amiga! A mí me alegra haberte encontrado, aprendo mucho de tus experiencias!
      Yo también pienso que la educación actual es demasiado "académica" y espero que poco a poco se vaya integrando la parte emocional que es tan necesaria para la vida. Creo que es algo fundamental para sentirse bien con uno mismo y poder ser feliz, por eso quiero tenerla siempre en cuenta en la educación de mi hijo.
      Un fuerte abrazo y siempre es un gusto tenerte por aquí!

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  4. Yo aún no tengo experiencia como mamá, pero esta mañana en twitter me has contado eso de que el parto te llegó en la semana 37, y me ha provocado un montón de pensamientos. En la semana 36 yo seguía trabajando, agotada y con un estado emocional por los suelos. Ni me planteaba que se me adelantara el parto porque simplemente NO PODÍA parir, no estaba preparada.
    En la 37 decidí que necesitaba ya una baja y me la dieron en la 38. Ahora, más recuperada del estrés que he vivido y mucho más descansada, echo la vista atrás y si mi bebé se llega a adelantar 3 semanas no me hubiera pillado nada preparada, me hubiera desbordado la situación y estoy segura de que las emociones "se contagian". Ahora, también tenemos que asumir que ni somos super mamis ni nuestros enanos esperan eso de nosotras/os. Creo que también nos falta un poquito de condescendencia con nosotros mismos

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    1. Hola guapa! Gracias por tu visita y comentario :) Pues imagínate que yo fui a trabajar hasta el día anterior a mi parto, de hecho, el día del parto tenía visita con mi médico de cabecera para pedirle la baja porque ya me estaba sintiendo bastante cansada. Pero bueno, las cosas muchas veces no salen como planeamos o esperamos, y creo que debemos tomar esas experiencias como aprendizajes no?
      Y claro que no somo super mamis! Ni lo seremos! Pero intentamos hacerlo lo mejor posible, tenemos una gran responsabilidad :)
      Un fuerte abrazo y ya no te queda para que empieces esta super aventura!

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  5. Por supuesto que el estado nuestro afecta a nuestros hijos. Yo soy muy nerviosa y poco paciente con los demás, (hablamos de personas adultas) salvo con mis hijas (y niños en general). Con ellas trato de ser dulce, atenta, paciente... Aún así, hay momentos en los que estallo, pero me conocen, y pusimos unas reglas, cuando me vieran nerviosa, o que puedo comenzar a gritar (recojan ya, dicho unas cuantas veces, o ven a comer, repetido otras tantas veces... por poner unos ejemplos) la mayor me tranquiliza, y conseguimos que no nos afecte a todos. Son momentos puntuales, muy puntuales, y por supuesto que intento que no les afecte, aunque hay momentos en los que es imposible, y aunque me duela, esos prontos también forman parte de mí. No soy una super mamá :(

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    1. Ni tu ni nadie guapa! Creo que lo importante es que somos conscientes de ello, y por lo tanto intentamos controlarlo. Pero hay momentos en los que es imposible. Me gusta mucho lo de las reglas, me parece una muy buena idea.
      Un fuerte abrazo y siempre es un gusto tenerte por acá!

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  6. Hola. Acabo de leer tu post y me pareció muy acertado. Hoy en día creo que nuestro principal fallo como padres es educar a nuestros hijos y no consentirlos demasiado. Leí un artículo que habla de una educación ambiental y como por medio de la naturaleza podemos inculcar muchos valores a los pequeños.
    http://babyradio.es/blog-entrada/108/2013-02-14/educar-para-ser-feliz

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    1. Muy interesante! Pienso que el contacto con la naturaleza es muy importante para un desarrollo integral, pero lamentablemente cuando uno vive en una ciudad a veces es poco frecuente. Hace algunas semanas escribí una entrada sobre eso, no sé si has tenido oportunidad de leerlo.

      http://aprendiendoasermama-milaymateo.blogspot.com/2013/01/la-importancia-del-contacto-con-la_14.html

      Un fuerte abrazo y gracias por tu visita y comentario!

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  7. ¡Ay, los hijos, siempre pendientes de ellos! Pero tú tranquila mujer, conforme van cumpliendo años dejamos atrás los problemas, y damos la bienvenida a otros nuevos. Así nunca estamos aburridas, jajaja.. Feliz viernes.

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    1. Jajaja No, de eso estoy segura, aburrida no estaré nunca más!
      Un fuerte abrazo guapa!

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  8. Totalmente de acuerdo. Sé perfectamente que cuando yo tengo un mal día Peque va a tener más rabietas, porque me falta la paciencia y la empatía para manejar la situación...Pero poco a poco vamos aprendiendo juntos, que de eso se trata ;)
    Besos!

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    1. Así es Mo! Poco a poco vamos viendo cómo nuestro ánimo influye en sus comportamientos y aprendiendo a controlarnos. Aunque cuesta, y a veces mucho!
      Un abrazo y gracias por pasarte por aquí!

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  9. Vaya, estoy totalmente de acuerdo con lo que hablas en el post y me ha gustado mucho tu reflexión. Yo he comprobado que según como yo me encuentre mi hijo está bien o mal, si yo estoy irritada el tiene más rabietas y si yo estoy tranquila y contenta el igual. Pero es tan tan díficil estar bien y más en mi caso ahora embarazada con las hormonas a tope jajaja pero bueno almenos tengo el consuelo de que hay días malos pero hay más buenos jaja. Besos!

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    1. Hola Yasmin! Qué bueno tenerte por aquí y muchas felicidades por ese embarazo! Es difícil, muy difícil mantener la calma, y creo que todas perdemos la paciencia de vez en cuando, sino no seríamos humanas! Pero si somos conscientes de ello ya es un gran paso. Y nuestros hijos nos lo agradecerán!
      Un fuerte abrazo!

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  10. Mi bebe solo tiene diez meses, pero busca mi mirada cuando descubre cosas nuevas. Me mira y busca mi aprobacion, o mi negativa, o mis dudas, o mis nervios... Es sencillo, el se enfrenta a su mundo en funcion de lo que yo le transmito.
    Procuro ser todo paz y armonia, pero me temo que eso ni el Tibet...

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    1. Jajaja Me ha hecho mucha gracia lo del Tibet! Y es normal, es imposible ser siempre paz y armonía, además de que tampoco es real.
      Me ha gustado mucho cómo lo has dicho: "él se enfrenta a su mundo en función de lo que yo le transmito", y es que es así!
      Un abrazo y gracias por la visita y el comentario, espero que te haya gustado el blog!

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  11. Completamente de acuerdo contigo Mila! Nuestros hijos saben distinguir muy bien cual es nuestro estado emocional y es algo que les afecta mucho. El día que yo me siento más estresada o que tengo menos paciencia, él está también mas irascible y con más rabietas. Hay veces que tengo que parar, respirar y contar hasta 10 para que los dos volvamos a estar bien.
    Un beso!

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