viernes, 11 de mayo de 2012

De cambios y malas noches

Mateo -imagino que como la mayor parte de los niños y también como muchos adultos- es muy sensible a los cambios. Cualquier cambio en su rutina o en su ambiente le afecta. La visita de un familiar o amigo, unas vacaciones, un viaje, hacer alguna siesta fuera de casa o quedarse una noche con la canguro -bueno, esto sólo lo hemos probado una vez y fue un desastre- son solo algunos ejemplos de situaciones que alteran su comportamiento. 

La consecuencia más inmediata y visible es una mala noche. Esa noche resulta más difícil de lo normal dormirlo, se despierta varias veces, en ocasiones se despierta y no vuelve a dormirse hasta una o dos horas después, y normalmente se despierta muy temprano por la mañana. Obviamente al día siguiente está muy cansado, y por la tanto, muy fastidiado. Llora seguido, no quiere comer y se aburre de todo rápidamente.

Esta semana ha sido una de esas, hemos recibido en casa a varios familiares a los que Mateo no veía hace mucho, y por lo tanto las noches han sido terribles -aunque a diferencia de otras veces los días han estado llenos de juegos y risas con tí@s que no hacen más que engreirlo, abrazarlo y besarlo-. De miércoles para jueves se despertó a la una de la madrugada y no conseguimos que volviera a dormir hasta las tres. Ayer felizmente durmió hasta las cinco de la madrugada con unos tres despertares pero a esa hora ya no quería dormir más. Finalmente a las seis su papá logró que se quedara nuevamente dormido hasta las ocho. 

Espero que esta noche sea mejor porque la única manera de sobrevivir estos últimos días ha sido a punta de café -de mucho café- y creo que no dormir bien y tomar mucho café no debe ser exactamente lo mejor para mi salud. 

¡Buenas noches! 

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